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Hay gente echándole aceite a su café y, para sorpresa de todos, muchos baristas lo aprueban

Hace unos meses, Starbucks sorprendía a medio mundo con una nueva línea de cafés llamada “Oleato”. Y no es para menos: incluso en aquellos países del mundo en los que la gente consume una cucharada de aceite al día, la idea sonaba rarísima. No obstante, la gente la ha probado y (según dicen los expertos) funciona.

Aunque, bueno, los expertos también dicen que hacer café de donut es buena idea.

Una bebida con un poco más historia de lo que parece. Aunque el ‘Oleato’ sólo está disponible en algunas tiendas de Norte América, Asia y parte de Europa (Francia, Italia y Reino Unido), la idea va mucho más allá de Starbucks y sus campañas de publicidad. En Jaén, por ejemplo, Juanma Pérez (el barista de Vander Coffee) lleva preparando el ‘aoveccino’ desde hace tiempo.

No obstante, es algo relativamente nuevo. Sobre todo, porque aunque no es difícil; tampoco es fácil de incorporar. Se puede añadir en el café solo (aunque no cambia sustancialmente el sabor), pero todo parece indicar que la forma más recomendable de hacerlo es emulsionando el aceite con la leche. No sólo garantiza aportar el sabor del aceite, sino que aporta una textura más cremosa.

¿Tanto como para que merezca la pena introducir leche emulsionada en nuestro día día? No apostaría por ello, pero lo suficiente como para causar un pequeño terremoto en el mundillo barista.

Porque la pregunta es… ¿por qué tomar esto? Y quizás esto sea lo más interesante de todo: que, como de costumbre cuando hablamos de productos con fama de saludables, Internet se ha llenado de artículos, tutoriales y vídeos de Youtube sobre las ventajas de tomar café con aceite. Pero lo cierto es que no las hay. Al menos, no son evidentes.

Sí, se incorporan grasas de buena calidad a la bebida, también tendrían más antioxidantes o puede tener ciertos efectos beneficiosos para el tránsito intestinal. Pero hablamos de cantidades tan pequeñas y consumos tan limitados que su impacto en el conjunto de la dieta es mínimo.

La obsesión por justificarnos cosas a nosotros mismos. Lo habitual es que no seamos capaces de determinar el impacto de un producto en la salud. Y más aún si no tenemos información de la dieta, los hábitos de vida y las condiciones socio-sanitarios de la persona en cuestión.

Es más, si las recomendaciones nutricionales se han convertido en un auténtico campo de batalla es porque estamos obsesionados con buscar justificaciones a nuestros hábitos de consumo, aunque no sea necesaria. Porque ¿de verdad tenemos que justificar que algo como el café con aceite es saludable para consumirlo? ¿No basta con que nos guste o queramos probarlo?

No es que pase nada por buscar justificaciones a las cosas que hacemos. Pero es bueno ser conscientes ser conscientes de que es arriesgado ir siguiendo el “último estudio  nutricional disponible” precisamente porque muchos están pensados para confundirnos.

Imagen | Clay BanksRoberta Sorge

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